
Hoy fue como siempre pero no igual. Amaneció descollante el sol en el Este con el calido inusual de un julio sazonado con noticias y desamparos, de rutas cerradas y esperanzas abiertas aunque cautas en su siempre vigente espera de tiempos mejores. Los titulares denunciaban como siempre la corrupción nuestra de cada hora y la escasa hora y media de sueño entre la diversión y el trabajo amenazaba con aguarme medio domingo recluido entre las sabanas.
Pero hoy fue como siempre pero no igual. Navegaba el dia y el futbol dominical de mi Ale se tornó promesa que consiguió disipar el rostro que otros días se hubiese tornado triste por haber perdido 1 a 0, pero que brillaba en su feliz lozanía en la espera de la promesa por cumplir develando un sueño largamente acunado en noches de silenciosa gloria en el misterioso y envidiable mundo de sus sueños infantiles.
Pero hoy iba a ser como siempre pero no igual. El almuerzo apurado como no suele ser, los Simpsons suspendidos en su esperada maratón dominguera y los aprestos inusuales a la siesta que suele ser cansina y tranquila. Y luego, la hora señalada…
Como siempre pero no igual. Los autos vociferados en la tierna candidez de su vocecita porque no nos dejaban pasar para llegar primeros, la aparición del estadio que hoy se vestía de gente y albirrojo, la manito en la mía y sus ojitos que no alcanzaban a mirarlo todo. Su “te quiero” sazonando la tarde como miel a mis sentidos y su ansiedad que se tornó gozo al entrar la albirrojita al campo de juego. No importaba no conocerlos, no era determinante el resultado, lo que importaban eran esos noventa minutos de gloria que vivió sentado a mi lado acurrucado a veces y vociferando al arbitro en otras, llamándole la atención al numero cuatro o pidiéndole cambio al director técnico. Al final, la derrota no fue un determinante para que sus ansias buscaran otra jornada de épica gloria sacándome con gusto la promesa de repetir otro domingo con sol y sabor a eterna compañía, reviviendo sin que él lo sepa las tardes con mi padre, cuando todo aún sabía a presente y el futuro se pintaba promisorio, sin ser derribado entonces por los devaneos del destino.
Espero que, ahora, mientras escribo estas líneas, Ale se esté durmiendo con nuevo material para sus sueños, con más rutas para recorrer en pos del mítico transitar buscando ser más feliz de lo que quiero hacerlo y logrando hallarse en la senda correcta de la construcción de su ser como hombre de orgullo para el mañana, así como es niño de orgullo para mi desde siempre.
Si señor, hoy fue un domingo como siempre pero no igual.
Gracias a Dios…
