Archivo de 8/07/08

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Donde esta tu felicidad?

Julio 8, 2008

Eres verdaderamente feliz?

Dura pregunta si no la tomamos a la ligera. La felicidad, innegablemente, es la presea mas buscada por todos. Algunos consienten en adquirirla en objetos, otros en cultos y muchos en compañías, aunque fueran pasajeras. Pero lo cierto y lo concreto es que esta dama, de rostro irreconocible para toda la humanidad a lo largo de su historia, se muestra cada vez mas esquiva en el siglo de las cercanías cada vez mas estrechas que nos deparan distancias cada vez mas amplias.

Donde buscas tu felicidad?

Cuan feliz seríamos si tuviéramos tal cosa o alcanzaramos tal meta, decimos mientras observamos nuestro presente con desprecio muchas veces. Y sin embargo, cuando el trabajo, el destino o la Gracia Divina nos dan lo que pretendíamos, nos encontramos con que esa meta es solo un nuevo punto de partida para más ambiciones que disfrazan el rompecabezas perpetuo de la felicidad. Buscamos la felicidad en miles de lugares, cosas o personas. Pero realmente está donde la buscamos?

Cuentan los hombres dignos de fe que hubo en El Cairo un hombre poseedor de riquezas, pero tan magnánimo y liberal que todas las perdió, menos la casa de su padre, y que se vio forzado a trabajar para ganarse el pan. Trabajó tanto que el sueño lo rindió debajo de una higuera de su jardín y vio en el sueño a un desconocido que le dijo:

-Tu fortuna está en Persia, en Isfaján; vete a buscarla.

A la madrugada siguiente se despertó y emprendió el largo viaje y afrontó los peligros de los desiertos, de los idólatras, de los ríos, de las fieras y de los hombres. Llegó al fin a Isfaján, pero en el recinto de esa ciudad lo sorprendió la noche y se tendió a dormir en el patio de una mezquita.

Había, junto a la mezquita, una casa y por el decreto de Dios Todopoderoso una pandilla de ladrones atravesó la mezquita y se metió en la casa, y las personas que dormían se despertaron y pidieron socorro. Los vecinos también gritaron, hasta que el capitán de los serenos de aquel distrito acudió con sus hombres y los bandoleros huyeron por la azotea.

El capitán hizo registrar la mezquita y en ella dieron con el hombre de El Cairo y lo llevaron a la cárcel. El juez lo hizo comparecer y le dijo:

-¿Quién eres y cuál es tu patria?

El hombre declaró:

-Soy de la ciudad famosa de El Cairo y mi nombre es Yacub el Magrebí.

El juez le preguntó:

-¿Qué te trajo a Persia?

El hombre optó por la verdad y le dijo:

-Un hombre me ordenó en un sueño que viniera a Isfaján, porque ahí estaba mi fortuna. Ya estoy en Isfaján y veo que la fortuna que me prometió ha de ser esta cárcel.

El juez echó a reír.

-Hombre desatinado -le dijo-, tres veces he soñado con una casa en la ciudad de El Cairo, en cuyo fondo hay un jardín y en el jardín, un reloj de sol y después del reloj de sol, una higuera, y bajo la higuera un tesoro. No he dado el menor crédito a esa mentira. Tú, sin embargo, has errado de ciudad en ciudad, bajo la sola fe de tu sueño. Que no vuelva a verte en Isfaján. Toma estas monedas y vete.

El hombre las tomó y regresó a la patria. Debajo de la higuera de su casa (que era la del sueño del juez) desenterró el tesoro. Así Dios le dio bendición y lo recompensó y exaltó.

La felicidad está quizás en donde menos pensamos. Pero, como en el cuento, solo pertenece a aquellos que se preocupan en como encontrarla más que en darle forma. La bella dama le revela su rostro a quienes la buscan sin condicionarla en su forma, sino que solamente intentan hallarla por todos los medios con las máximas esperanzas posibles.

Porque la felicidad está en la búsqueda, no en el resultado.