
El dia del niño se acerca. Temible fecha si la hay para padres esclavos del mercadeo y el oportunismo caníbal de los vendedores de ilusiones disfrazados de coloreados obsequios que diez minutos después de recibidos engrosarán las cosas con las que uno se tropieza en la casa.
Pero serán indudablemente diez minutos de felicidad que bien los valen…
No sé que les vas a regalar a tus hijos. Particularmente me educaron a no esperar nada en ese día porque realmente no tiene sentido un regalo en recordación de un genocidio inédito en los anales de la Historia Universal. El mejor regalo que puedo hacerle es contarle la historia del por qué se recuerda ese día como tal para que valore su presente y sus afectos. Y porque no es un cuento, es historia.
Los niños tienen su día todos los días como la madre, el padre, el amigo o la juventud. Y educarlos tiene más de Indiana Jones hoy que de Teresa de Calcuta. Son numerosos los distractores, los estímulos y la información que procesan esas mentes menudas que dominan a la perfección la cibernética 3G de un celular a la edad que nosotros apenas entendíamos como ponerles ruedas a nuestros autos de lata. Y luego de tamaña proeza, pretendemos que nos respeten, que nos den nuestro lugar cuando no podemos solucionarle la introducción de un código en internet o no le pasamos al auto en el videojuego que ellos esperan que nosotros superemos para que sigan jugando sin pausas.
Cuando pienso que no tenemos el control absoluto sobre nuestros hijos como nuestros padres tenían en apariencia sobre nosotros, recuerdo que ni aún Dios pudo tener el control sobre los suyos en aquel recordado bíblico momento del Árbol del Bien y del Mal. Y que mis padres tampoco tuvieron control porque no se enteraron de cosas que hoy en día me alarmarían si mi hijo hace, aunque a la luz del desarrollo sean absolutamente normales para el crecimiento y la maduración de el mismo. Cambio de roles que le dicen.
Al oir a las madres y a los padres que concurren a la consulta porque están “agobiados” por sus hijos o “aturdidos” por su presencia, solamente les digo que hagan las instrucciones que figuran en la caja de aspirinas… “tomese dos” y “manténgase alejado de los niños”. Porque pasamos los primeros dos años de sus vidas enseñándoles a decir cosas que luego les haremos callar porque nos muestran que aprendieron lo que nosotros decimos pero no queremos que ellos repitan. Y luego seguimos los dieciséis años siguientes diciéndoles que se callen y se sienten.
Pero valen. Lo valen absolutamente. Por eso me encantaría que este sábado, día del niño, cuando nos despertemos y ellos duermen, nos sentemos a su lado si están con nosotros o los recordemos si como en mi caso lo van a pasar lejos, y les dediquemos de todo corazón palabras como estas:
Sólo por hoy, en la mañana, voy a sonreír cuando vea tu rostro y a reír cuando tenga ganas de llorar.
Sólo por hoy, en la mañana, voy a dejarte escoger la ropa que té vas a poner, voy a sonreír y a decirte que te queda perfecta.
Sólo por hoy, en la mañana, voy a pasar por la lavandería y a pasar por ti, para llevarte al parque a jugar.
Sólo por hoy, al mediodía, voy a dejar los platos en la cocina y voy a dejarte que me enseñes como armar ese rompecabezas juntos.
Sólo por hoy, en la tarde, voy a desconectar el teléfono y a apagar la computadora, para sentarme junto a ti en el jardín para hacer burbujas de jabón.
Sólo por esta tarde, no voy a reclamarte, ni siquiera a murmurar, cuando tu grites y llores cuando pase el carro de los helados, y voy a salir contigo a comprarte uno.
Sólo por esta tarde, no voy a preocuparme sobre que va a ser de ti cuando crezcas, y voy a pensar otra vez todas las decisiones que haya tomado acerca de ti.
Sólo por esta tarde, te dejaré que me ayudes a hornear unas galletas, y no voy a estar detrás de ti tratando de arreglarlas.
Sólo por esta tarde, te llevaré a Mc Donald’s y vamos a comprar una Cajita Feliz para ambos, para que tengas los dos juguetes.
Sólo por esta tarde, te estrecharé en mis brazos y te contaré una historia acerca de cuando tu naciste y sobre lo mucho que te quiero.
Sólo por esta noche, te dejaré salpicar en la bañera y no me voy a enojar.
Sólo por esta noche, te dejaré despierto hasta tarde, mientras nos sentamos en el jardín a contar las estrellas.
Sólo por esta noche, estaré junto a ti por horas y no extrañaré mis programas favoritos de TV.
Sólo por esta noche, cuando pase mis dedos entre tu cabello mientras oras, simplemente daré gracias a Dios por el mayor regalo que he recibido.
Voy a pensar en las madres y en los padres que están ahora buscando a sus hijos extraviados; las madres y padres que visitan a sus hijos en sus tumbas en lugar de en sus camas, y en las madres y padres que están en los hospitales mirando sufrir a sus hijos, gritando por dentro por no poder hacer nada más.
Y cuando te dé un beso de buenas noches te voy a estrechar un poco más fuerte, más tiempo; así, agradeceré a Dios por ti y no le pediré nada, excepto, un día más.
(…perdon si molesto…)