Archivo de Septiembre 2008

h1

Lo suficiente para ser felices

Septiembre 16, 2008

Hablando con mucha gente sobre la felicidad, he llegado a la conclusión que siempre basamos su búsqueda en cantidad en desprecio de la calidad. Que nuestra brújula se orienta desesperadamente a la acumulación de objetos o incluso sentimientos que no suman gozo sino que restan espacio por ocupar el lugar de afectos, que acumulan peso por su propia característica superflua y que no hacen mas que llenarnos de vacio cuanto mas los acumulamos.

La vida, nuevamente la Maestra impiadosa, me enseñó en la boca de un ser amado hasta la sangre, que “Dios nunca nos da lo que le pedimos pero si nos otorga más de lo que necesitamos para ser felices”. El mecanismo de la plegaria no funciona siempre como una exacta regla del tres, sino como un perfecto andamiaje que sostiene nuestra vida y un engranaje aceitado que le da sentido al movimiento cotidiano del vaivén de nuestros sentimientos, nuestro respirar por la vida haciendo útil el oxigeno que usamos.

Cuenta una historia que había un hombre que estando en el aeropuerto escuchó por casualidad a una madre e hija que se estaban despidiendo.

Cuando anunciaron la partida del vuelo ellas se abrazaron y la madre dijo:

“Te amo y te deseo lo suficiente”.

La hija respondió:

“Madre, nuestra vida juntas ha sido más que suficiente. Tu amor es todo lo que he necesitado. También te deseo lo suficiente”.

Ellas se saludaron con un beso y la hija partió.

La madre pasó muy cerca de donde el hombre estaba sentado y éste notó que ella necesitaba llorar. Precavido, trató de no observarla para no invadir su privacidad pero ella se dirigió hacia él como a propósito y le preguntó:

“¿Alguna vez se ha despedido de alguien sabiendo que era para siempre?”.

Sí, lo he hecho – respondió. – Perdón por preguntar – contestó -, pero ¿por qué esta despedida es para siempre?

“Yo soy una mujer vieja, y ella vive muy lejos de aquí. La realidad es que su próximo viaje será para mi funeral.”

A lo cual el hombre le dijo:

“Cuando se despidió de ella escuché que le dijo: “te deseo lo suficiente”. ¿A qué se refiere?

Comenzó a sonreír.

“Eso es un deseo que hemos transmitido de generación en generación. Mis padres solían decirlo.”

Ella hizo una pausa y miró hacia arriba como si tratara de recordarlo en detalle, luego sonrió aún más.

“Cuando decimos Te deseo lo suficiente“, es que deseamos que la otra persona tenga una vida llena de SÓLO lo suficientemente bueno para vivir.”

Entonces, dirigiéndose al hombre, ella compartió lo siguiente como si lo estuviera recitando de memoria:

“Te deseo que tengas suficiente sol para mantener tu espíritu brillante”

“Te deseo suficiente lluvia para que aprecies aún más el sol”.

“Te deseo suficiente felicidad para que tu alma esté viva”

“Te deseo suficiente dolor para que las pequeñas alegrías de la vida parezcan más grandes”

“Te deseo que tengas suficientes ganancias que satisfagan tus necesidades”

“Te deseo suficientes pérdidas para que aprecies todo lo que posees.”

“Te deseo suficientes bienvenidas para que logres soportar las despedidas”.

…………………..Luego ella comenzó a llorar y se alejó…

Te deseo lo suficiente para el resto de tu día…

(…perdón si molesto…)

h1

El arte de decir la verdad

Septiembre 15, 2008


La verdad no tiene sustitutos. Todos apreciamos con gran sabiduría a la sinceridad como uno de los valores que deseamos tener y que pedimos ostenten con nosotros. Requerimos que no nos mientan en ninguna ocasión, que nos regalen la verdad como moneda de cambio cotidiana… aunque a veces la verdad duela… o desde el fondo de nuestro corazón anhelemos una mentira como analgésico a la dolorosa realidad.

Decir la verdad es un arte reservado a pocos. Ya sea por consuetudinaria costumbre de mentir o por preciso hábito de decir verdades “sin anestesia” somos juzgados como mentirosos o desbocados, como hipócritas o locos. La verdad dicha de sopetón es tan dura como la mentira más dulce que la pueda ocultar a cambio. Y la preferencia que podamos tener individualmente por una u otra forma de vivir la vida, con verdades que duelan o mentiras que oculten las tristezas, son cuestiones inherentes a cada personalidad.

No voy a preguntarte de que lado del muro estás, si del de la verdad descarnada o el de la mentira que oculta. Ya te habrás puesto de uno de los dos lados, tanto de cómo eres con respecto a los demás o como quieres que los demás sean contigo en verdades y mentiras. Solo intento hoy rescatar el arte de decir la verdad como reivindicación a la manera coherente de vivir, al arte de transformar el aire en aliento, al homenaje de la manera de honrar la vida mas que vivir como decía Eladia Blazquez.

Una sabia y conocida anécdota árabe dice que en una ocasión, un Sultán soñó que había perdido todos los dientes.

Después de despertar, mandó a llamar a un Adivino para que interpretase su sueño.

- ¡Que desgracia Mi Señor! – exclamó el Adivino – Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.

- ¡Que insolencia! – gritó el Sultán enfurecido – ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa?, ¡¡¡Fuera de aquí!!!

Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos al Adivino.

Mas tarde ordenó que le trajesen a otro Adivino y le contó lo que había soñado.

Éste, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:

- ¡Excelso Señor!, gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobreviviréis a todos vuestros parientes.

Se Iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó le dieran cien monedas de oro al Adivino.

Cuando éste salía del palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:

-¡No es posible!, la interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que la del primer Adivino.
No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.

-Recuerda bien amigo mío – respondió el segundo Adivino – que todo depende de la forma en el decir…, uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender el arte de comunicarse. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra.

Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no cabe duda, mas la forma con que debe ser comunicada es lo que provoca en algunos casos, grandes problemas.

La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura ciertamente será aceptada con agrado.

Perdón si a veces les digo la verdad de manera directa…

(…perdón si molesto…)

h1

Ser lo que tengamos que ser

Septiembre 10, 2008



Se cruzaron un día y se enamoraron a simple vista. El tigre la miró embelesado pues era una cabra realmente hermosa. Ella hizo como que bajaba la mirada.

Cada uno vio una hermosa luz en los ojos del otro. El tigre dijo:- “Hola, ¿como te va?”. – “Muy bien”, contestó ella, que a su vez preguntó en forma aparentemente inocente: – “¿Tu quién eres?”, mientras le corría una chispeante sensación por la columna vertebral al estar tan cerca de tan hermoso ejemplar de tigre.

El tigre dio un paso atrás pensativo y empezó a balbucear: -”YO soy…, yo soy….” y mientras decía esto, el tigre, que sabía que las cabras desconfiaban mucho de los de su especie, pensó en una mentirita piadosa y dijo con firmeza: – “Yo soy un gato”.

Entonces la Cabra pensó que al Tigre no le iba a gustar mucho estar ante una cabra y antes que éste preguntase, dijo rápidamente: – Yo soy un perro.

Y de este modo un tigre que se hacía el gato, y una cabra que trataba de pasar por perro se encontraron por primera vez. Pasaron los meses y el amor iba en aumento, hasta que llegó el día que se dijeron casi al mismo tiempo.

- Ya no puedo vivir sin ti, quiero compartir mi vida contigo, quiero que vivamos juntos. Y el tigre y la cabra se fueron a vivir juntos. Era casi cómico verlos en su nuevo hogar. El tigre haciendo de gato y tratando de comer las verduras y las papillas que tanto le gustaban a la cabra.

Cada tanto el Tigre miraba la vida que llevaban los otros tigres, se ponía un poco triste y se decía: – Tengo que lograr ser un gato, es más soy un gato al que le gusta comer verduras y papillas, y quedarse en su hogar. Incluso llegó a poner cartelitos por todos lados que decían “recuerda que eres un gato”.

La Cabra, por su parte, y desde el profundo amor que tenía, trataba de ser un fiel perro guardián del hogar. Pero era inevitable: a ella le gustaba el sabor de lo lejano. Siempre la siguiente colina parecía tener el prado más verde y hacia ahí quería ella salir corriendo, aunque no lo hacía.

Se quedaba en el hogar entristecida cada vez más mientras esperaba a que el Tigre volviese.

Un día, como tantos otros, el Tigre se había tirado, como un minino, delante del hogar de leña y recordaba la selva, con todos sus peligros. Recordaba su vida llena de momentos de entusiasmo súbito, visiones instantáneas, planes gigantescos y estrategias inteligentes donde él se lucía con todo su porte. Fue entonces que recordando una de sus tantas aventuras se le escapó un suspiro.

En ese momento la cabra lo escuchó, y le preguntó qué le pasaba. El habló vagamente de la selva y de las bellezas que contenía, y al ver que la cabra escuchaba atentamente, el tigre terminó afirmando que la selva era el mejor lugar para que los gatos y los perros fuesen a buscar diversiones.

No le fue difícil convencer a la cabra, que le gustaba todo lo novedoso, para que lo acompañara a la selva. Pero todo fue un desastre. No bien entraron en la espesura, aparecieron los primeros peligros y mientras el Tigre se relamía pensando que por fin empezaba un poco de acción para desentumecer sus músculos, la cabra se asustó tanto que salió corriendo hacía la primer colina que vio.

Allí se quedó escondida detrás de un pequeño arbusto, hasta que el Tigre la encontró temblando y la llevó al hogar.

Siguió pasando el tiempo y la añoranza y la tristeza que iban penetrando profundamente en el interior del tigre sólo era comparable a lo que le sucedía a la cabra.

Ella seguía quedándose en la casa esperando que su majestad volviese, mientras refrenaba sus impulsos naturales de salir corriendo detrás de cualquier cosa que llamase su atención. Su innata curiosidad no sólo estaba presente, sino que aumentaba constantemente. Ella también suspiraba por lo que no tenía.

Le hubiese encantado salir corriendo hacía el prado y charlar con otros animales, pero no lo hacía pues sabía que esto sacaba de sus cabales al celoso Tigre, que veía por todos lados a galanes pretendiendo a su cabra.

No era difícil imaginar el futuro de la relación: El tigre, luego de haber tratado de vivir su día como un gato, volvía de noche cansado y de mal humor, y se encontraba con la cabra, que había estado encerrada todo el día, tratando de vivir como un perro y con un humor tan malo como el del Tigre.

Alcanzaba un pequeño gruñido del tigre para que la cabra se pusiese loca. Alcanzaba algún pequeño desliz de la cabra para que el tigre rugiese.

Así pasaron los años……

La cabra se recriminaba: – He tratado de ser todo un perro para agradarlo, pero es inútil este tigre nunca termina de convertirse en un buen gato.

El tigre también sentía lo mismo que ella. Había tratado de vivir como un gato. Se había entregado a esa cabra creyendo que se iba a comportar como un perro, y ahora se daba cuenta que era inútil. Lo único que había logrado era tener una cabra triste y rezongona.

Hasta que un día, casi ya sin fuerzas la cabra que quería ser perro y el tigre que quería ser gato, se miraron a los ojos como el primer día, pero esta vez en vez de luz encontraron sus miradas perdidas, tristes, y se dieron cuenta que contra la naturaleza no se puede ir.

Finalmente desde todo el amor que todavía se tenían, se separaron.

Así la Cabra se redescubrió y reencontró con su verdadero ser, volvió a ser ella misma: Recuperó su belleza, disfrutó de su plena libertad, volvió a ser creativa, disfrutó de la naturaleza pacífica, de sus sueños. Buscó y encontró la seguridad que necesitaba en su hogar, desde el cual podía salir a saltar a gusto y sin peligro por los campos verdes. Y finalmente pudo tomarse todo con calma, pues ella valoraba la tranquilidad.

Por su lado también el Tigre se reencontró con su verdadero ser.

Así fue pasando el tiempo para el Tigre y para la Cabra, hasta que un día se encontraron frente a frente. El miró de nuevo a esos ojos cargados de luz, y le dijo: – Yo soy un Tigre. Y ella sin esperar que él preguntara, contestó, mientras también lo miraba fijo a los ojos, también llenos de luz: – Yo soy una Cabra.

Y se fueron felices caminando juntos por un sendero. El Tigre le hablaba de sus historias de la selva, mientras la Cabra le contaba de la última flor que había descubierto en un nueva colina.

Es que a veces, el precio de ser uno mismo, es sacrificar el amor. El verdadero arte está en saber cuando sacrificarlo sin sacrificar también a quien ama.

La sabiduría se adquiere cuando el discernimiento llega antes que las consecuencias.

Y cuando la sinceridad con uno mismo y con quien ama de verdad, prima sobre el deseo de mantener las mascaras que ya no se sostienen por si mismas.

(…perdón si molesto…)

h1

La razon de tu vida

Septiembre 3, 2008


Días pasados hablamos del miedo a lo que sentíamos ante cualquier eventualidad. Y pocos temas como ese han motivado tal avalancha de mails a quien suscribe y participaciones y lecturas al tópico en el blog. No descubrí nada nuevo, simplemente que todos y sin excepción, tenemos miedo a muchas cosas, aunque más no sea una simple.

Pero el mayor miedo que enfrentamos es a la pérdida. La estabilidad de nuestra vida basada en situaciones siempre mejorables en el mismo trazo de su perfectibilidad, sin embargo corre el riesgo de hacernos caer en la modorra y el burgués sentimiento de acostumbramiento y conformismo que es propio de quien dice “hasta aquí llegué”, “me realicé en la vida” o “ya no puedo ser más feliz de lo que soy”.

Ese es mi mayor miedo: el perder la audacia, la sana codicia, la motivación. El despertarme un día sin tener por que luchar o por quien sentir. La desesperanza en la propia capacidad, el dormirme en laureles que se marchitarán con las horas mientras afuera puede esperarme un mundo de posibilidades, pleno, factible y potable.

La motivación es el motor que mueve al mundo, la inspiración lo llaman los artistas y las ganas los optimistas, la fe los religiosos y el amor los que creemos en el amor. Y la motivación se motiva en hechos y sentimientos muy profundos que no podemos darnos el lujo de perder, y cuya pérdida si me traería miedo, miedo a perder la motivación.

No pierdas el ROMANTICISMO, aún sabiendo que las rosas no hablan…

No pierdas el OPTIMISMO, aún sabiendo que el futuro que nos espera puede no ser tan alegre…

No pierdas la bondad de VIVIR, aún sabiendo que la vida es, en muchos momentos, dolorosa…

No pierdas la bondad de TENER GRANDES AMIGOS, aún sabiendo que, con las vueltas de la vida, ellos se acaban yendo de nuestras vidas…

No pierdas la bondad de AYUDAR A LAS PERSONAS, aún sabiendo que muchas de ellas son incapaces de ver, reconocer y retribuir, esta ayuda…

No pierdas el EQUILIBRIO, aún sabiendo que innumerables fuerzas quieren que tu caigas…

No pierdas la CAPACIDAD DE AMAR, aún sabiendo que la persona que más amas puede no tener el mismo sentimiento por ti…

No pierdas la LUZ Y EL BRILLO DE MIRAR, aún sabiendo que muchas cosas que vemos en el mundo oscurecen nuestros ojos…

No pierdas la FUERZA, aún sabiendo que la derrota puede tocarte a ti…

No pierdas la RAZON, aún sabiendo que las tentaciones de la vida son innumerables y deliciosas…

No pierdas el SENTIMIENTO DE JUSTICIA, aún sabiendo que el perjudicado puedas ser tú…

No pierdas mi FUERTE ABRAZO, aún sabiendo que un día mis brazos no serán tan fuertes…

No pierdas LA ALEGRIA DE VER, aún sabiendo que muchas lágrimas brotaron de nuestros ojos y corrieron por nuestra alma…

No pierdas la bondad de DAR ESE ENORME AMOR que existe en tu corazón, aún sabiendo que muchas veces será sometido a ser rechazado…

No pierdas la bondad de SER GRANDE, aún sabiendo que el mundo es pequeño…

y encima de todo… sabiendo que un pequeño grano de alegría y esperanza dentro de cada uno es capaz de mudar y transformar cualquier cosa, pues…

LA VIDA ES CONSTRUÍDA CON SUEÑOS… Y REALIZADA CON AMOR

No pierdas la motivación en la vida. Es la base de los sueños que hablábamos ayer. Y es la esencia de la acción que llena, persiste, subsiste y nos hace felices.

O sea, es el átomo simiente de la felicidad.

(…perdón si molesto…)

h1

Momentos

Septiembre 2, 2008


Hubieron momentos en la vida en que quisimos dejar pasar los eventos, los tiempos y las realidades, pero en verdad solo pretendimos compararlos con tiempos pasados en el subconsciente involuntario de la restricción de felicidad presente para la cual nos programa la rutina, el desamor o la desesperanza. Y no nos dimos cuenta que afuera brillaba el sol, adentro soplaba aire fresco y ahí nomas nos latía el corazón por un pensamiento o una persona.

Asimismo, también hubieron momentos en que rememoramos los tiempos idos, con el dejo de melancolía que los convierte en mejores. Pero invariablemente venían a nuestra mente ráfagas fugaces de dolor en inobjetables “deja-vu” de malos momentos, de crisis, de perdidas o de abandonos. Pero en el fondo de todo siempre estaba la Luz que nos guía, nos alienta y nos muestra que de cada pérdida, nació una esperanza y de cada esperanza, una realidad.

…invariablemente mejor que la previa…

Hubo un momento en el que creiamos que la tristeza sería eterna; pero volvimos a sorprendernos a nosotros mismos riendo sin parar.

Hubo un momento en el que dejamos de creer en el amor; y luego apareció esa persona y no pudimos dejar de amarla cada día más.

Hubo un momento en el que la amistad parecía no existir; y conocimos a ese amigo que nos hizo reír y llorar, en los mejores y en los peores momentos.

Hubo un momento en el que estabamos seguros que la comunicación con alguien se había perdido; y fue luego cuando el cartero visitó el buzón de nuestra casa o el mail cantó su realidad agradecida.

Hubo un momento en el que una pelea prometía ser eterna; y sin dejarnos ni siquiera entristecernos terminó en un abrazo.

Hubo un momento en que un examen parecía imposible de pasar; y hoy es un examen más que aprobamos en tu carrera.

Hubo un momento en el que dudamos de encontrar un buen trabajo; y hoy podemos darnos el lujo de ahorrar para el futuro.

Hubo un momento en el que sentimos que no podríamos hacer algo; y hoy nos sorprendemos a nosotros mismos haciéndolo.

Hubo un momento en el que creimos que nadie podía comprendernos; y nos quedamos boquiabiertos mientras alguien parecía leer nuestro corazón.

Así como hubo momentos en que la vida cambió en un instante, nunca olvidemos que aún habrá momentos en que lo imposible se tornará un sueño hecho realidad.

Nunca dejemos de soñar, porque soñar es el principio de un sueño hecho realidad.

(…perdón si molesto…)