
Las cloacas de los demas
Noviembre 17, 2008Muchas veces nos sentimos las cloacas de los demás. Cuando mejor estamos (o cuando mas mal nos sentimos), vienen todos a “cargarnos” con sus preocupaciones, sus dilemas, sus problemas, que pueden ser mayores o menores que los nuestros, pero que a la larga, terminarán “llenando el tintero” de nuestra paciencia o nuestra tolerancia, y en el momento en que mas necesitamos de los demás, los demás vendrán a nosotros sin preocuparse de donde depositan sus cargas.
Imaginate ese día en que te despertás en positivo, el cielo azul impoluto (como hoy en esta parte del mundo) y, a pesar que el mundo se te viene encima en muchos sentidos, sin embargo te aflora la sonrisa… hasta que se te cruzan los que tienen la cara larga, los que te responden mal cuando le pedís que esperen un momento o los que te miran y te dicen “que cara de bobo tenés”…
Esos son los días en que más tenemos que reforzar la alegría, porque como dice una Maestra de la vida, “cambia tú y cambiará tu entorno”. Esos son los momentos donde debemos hacer el efecto contrario de la manzana podrida en el cajón: debemos extender frescura sobre la podredumbre, aunque suene anti natural. Porque en realidad, y considerando los tiempos que vivimos, la felicidad puede ser antinatural.
Cuenta un simpático y tierno cuento que un científico vivía preocupado con los problemas del mundo y estaba resuelto a encontrar medios para disminuirlos.
Pasaba días encerrado en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas.
Cierto día, su hijo de siete años (como el mío), invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar.
El científico, nervioso por la interrupción, intentó hacer que su hijo vaya a jugar a otro sitio. Viendo que sería imposible sacarlo de allí, el padre procuró algo que pudiese ser ofrecido al hijo con el objetivo de distraer su atención.
De repente tomó un mapa del mundo (un planisferio) de una revista, y con una tijera recortó el mapa en varios pedazos, y junto con un rollo de cinta adhesiva, se lo entregó a su hijo diciendo:
“¿A ti te gustan los rompecabezas?. Entonces voy a darte el mundo para arreglar. Aquí está el mundo todo roto. Mira si puedes arreglarlo bien. Pero hazlo todo solo…!!! Yo no te ayudaré en nada…!!!”
Calculó que al niño le llevaría días para recomponer el mapa.
Algunas horas después, oyó la voz de su hijo que le llamaba calmadamente:
“Papá, papá, ya he hecho todo, conseguí terminar todo…!!!”
Al principio el padre no dio crédito a las palabras de su hijo. Sería imposible a su edad haber conseguido recomponer un mapa que jamás había visto.
Entonces, el científico levantó los ojos de sus anotaciones, seguro de que vería un trabajo digno de un niño.
Para su sorpresa, el mapa estaba completo.
Todos los pedazos habían sido colocados en sus sitios.
¿Cómo sería posible?, ¿Cómo el niño había sido capaz?
“Tú no sabias como era el mundo, hijo mío… como lo conseguiste?”
“Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando tú quitaste el papel de la revista para recortarlo, yo vi que del otro lado había una figura de un hombre.
Cuando tú me diste el mundo para arreglarlo, yo lo intenté pero no lo conseguí.
Fue entonces que me acordé del hombre, di vuelta a los recortes y empecé a arreglar al hombre, que yo sabía cómo era.
Cuando conseguí arreglar al hombre, di la vuelta a la hoja y descubrí que había arreglado el mundo…!!!”
Cuando las fuerzas externas sean mas fuertes que el propósito, recuerda poner al hombre en primer lugar. A tu propio yo, tu hombre personal, tu ánimo y tu sonrisa como escudo, tu espíritu como espada y tus ganas de cambiar al mundo como consigna… cambiando siempre primero al hombre…
Al que hay dentro tuyo en primer lugar…
(…perdón si molesto…)
precioso el cuento. Siempre que te leo me pregunto: de donde saca él todos estos textos?
lo que más impresiona como se puede aprender tanto de una simple lectura. Por supuesto que reparando al hombre se reparará el mundo. Al final de cuentas, el mundo está como está por culpa del hombre.
se equivoca aquel quien al intentar modificarse y modificar su entorno desiste pensando en que es una tarea demasiado ardua y jamás posible. Si todos pensamos así, la situación solo irá empeorando y empeorando hasta que lastimosamente ya no haya solución posible y solo quede a la grandeza del Creador reiniciar la tarea que hace milenios inició. Por lo contrario, todos deberíamos hacer lo que está a nuestro alcance y a nuestro alrededor. Puede que no veamos los resultados, pero si es así, al menos tendremos la seguridad de que todo lo que pudimos lo hicimos y el de arriba sabrá como recompensarnos